Tuvo una novia israelí judía durante años, y un hijo con ella. Ni rastro de vínculos con grupos armados palestinos. Algún que otro problema con las drogas y apenas pisó una mezquita.
Husam Duwiyat, de 30 años y nacido en Zur Baher, pueblo próximo a Jerusalén, arrolló el miércoles 2 de julio con una excavadora coches y ómnibus en la concurrida calle de Yaffa en esta ciudad, y mató a tres personas.
El caso aumentó la preocupación de las autoridades israelíes por el terror por cuenta propia. La policía admite que es imposible frenar a un individuo aislado que decide perpetrar un ataque, del que sabe no saldrá vivo.
Nadie sabe qué impulsó a Duwiyat. Pero nadie ignora que la frustración entre los palestinos, fruto de políticas manifiestamente discriminatorias de los Gobiernos israelíes, fomenta estos brotes violentos.
El portavoz de la policía, Micky Rosenfeld, explicó el domingo que Duwiyat actuó solo. Sin embargo, si se ejecuta la propuesta del jefe del Gobierno, pagarán las consecuencias sus parientes inocentes.
El primer ministro israelí, Ehud Olmert, abogó el jueves por eliminar los "privilegios a quienes masacran" a los israelíes. Aludía a los derechos que corresponden a los 250.000 palestinos de Jerusalén. El ministro de Defensa, Ehud Barak, ha ordenado también la demolición de la casa familiar de los Duwiyat. Una medida que dejó de aplicarse en 2005 porque los expertos aseguraron que "no disuade a los terroristas", a pesar de los reclamos por "venganza" que unos 30 colonos lanzaron el fin de semana cerca de la vivienda.
En las calles palestinas se habla estos días del enésimo agravio y de Eden Natan-Zada. Este fanático religioso judío asesinó a tiros en un ómnibus de la ciudad israelí de Sfaram a cuatro árabes-israelíes en 2005. Una muchedumbre lo linchó. Doce hombres que participaron en su muerte están siendo juzgados. Pero a nadie se le ocurrió derribar su casa.
Es impensable, en cambio, que las autoridades se planteen procesar al policía que disparó a quemarropa contra Duwiyat, cuando la excavadora ya estaba detenida. El oficial fue recompensado con 350 euros.
El atentado de la calle de Yaffa manifiesta que la desesperación creciente domina el estado de ánimo de los palestinos. Los dirigentes políticos hablan de reconciliación, pero el odio entre judíos y musulmanes es inmenso. EL PAÍS DE MADRID