Cuatro ex generales estadounidenses se unieron a un creciente llamado para que se suspenda una política que obliga a los homosexuales a esconder esa condición para ser militares, tras un estudio que concluyó que está dañando a las Fuerzas Armadas.
Los oficiales retirados del cuerpo de Marines, la Fuerza Aérea, el Ejército y la Marina concluyeron tras un estudio de un año que esta política -aplicada desde hace 15 años y que permite a los gays servir en las Fuerzas Armadas solo si no revelan su homosexualidad- "no está funcionando".
"Los militares están perdiendo talento importante y pidiendo a algunos miembros que sirvan con una desventaja, ya que no pueden ser honestos con sus pares", dijo a la AFP Nathaniel Franks, del centro de investigaciones Michael D. Palm en California, que encargó el estudio.
Denominada familiarmente "Don´t Ask, Don´t Tell" ("No preguntes, no digas"), la política del Pentágono se basa en una norma aprobada por el Congreso bajo la presidencia de Bill Clinto, en 1993, y reemplazó una prohibición de que los homosexuales sirvieran en las Fuerzas Armadas.
La política de "no preguntes" significa que ya no se puede preguntar a los reclutas cuál es su orientación sexual; la de "no digas" implica que mientras éstos no revelen su homosexualidad a través de palabras o acciones pueden seguir siendo militares.
"Clinton enmarcó su posición en términos de ´meritocracia´, indicando que el país no podía permitirse excluir ciudadanos capaces de ayudar a su país aunque algunos ciudadanos no los quisiera", dijeron los generales en el estudio.
Tras revisar material de audiencias del Congreso y entrevistar a personal militar, los generales concluyeron que esta política no estaba funcionando, en parte porque las actitudes hacia la homosexualidad en las Fuerzas Armadas han cambiado desde 1993.
Hace 15 años, aproximadamente el 40% de las personas apoyaba permitir que "hombres y mujeres abiertamente homosexuales" sirvieran en las FFAA; hoy, entre 58% y 79% tiene esa posición, según el estudio.
AFP