JAVIER DE HAEDO
Hace dos semanas fui invitado a participar en un evento organizado por cuatro de las cámaras empresariales más notorias (ARU, CIU, CMPP y CNCS), el Banco Mundial (BM) y el MEF, que se realizará pasado mañana, miércoles 11, en el salón de actos de la Cámara de Comercio, sobre el tema "Clima de inversión y competitividad". La invitación era para ser parte de un panel junto a representantes de dichas cámaras y del PIT-CNT, sobre el tema "Competitividad de Uruguay. Retos y oportunidades. Sector privado", con el propósito de exponer propuestas para mejorar la competitividad.
La invitación, que acepté, me la trasmitió un centro de análisis y propuestas denominado "Uruguay al futuro", de reciente creación en el ámbito de la CNCS y me fue realizada, según se me dijo, sobre la base de atribuírseme una "visión neutral no corporativista", que se estimaba adecuada para completar ese panel.
Fue grande mi sorpresa cuando, al día siguiente, quien me había trasmitido la invitación, me comunicó que "el gobierno cuestionó" mi participación debido a mi "filiación política".
Mi sorpresa ante el veto a mi participación se debió a que, si bien es notoria mi filiación política desde siempre, hace muchos años que estoy alejado de la militancia partidaria. Por lo que en modo alguno me resta objetividad, independencia ni nada por el estilo.
Es claro que si yo estuviera trabajando por un candidato o un sector partidario, mi participación en un panel en el que se busca una opinión neutral podría ser cuestionada en la medida en que no se incluyeran las restantes visiones partidarias. Pero esa no es mi situación.
Lo más curioso del caso, es que en mayo del año pasado el mismo MEF, en un evento que organizó junto al BM, me invitó a participar de un panel, junto a destacados colegas, sobre las lecciones de la crisis de 2002, para el que, presumo, se requerían condiciones similares a las de ahora. Hace un año yo era apto para integrar un panel así, se ve que ahora no. ¿Qué ha cambiado desde entonces? Mi situación, con relación a la política partidaria, en nada.
Los lectores de mis columnas saben cómo escribo. Pueden encontrar numerosas columnas en las que he elogiado al gobierno y en particular a la conducción del MEF. Y también pueden encontrar opiniones discrepantes con las prevalecientes en el Partido Nacional. Sin ir más lejos, con relación al tema de la última interpelación al ministro de Economía y Finanzas, he escrito que, aún discrepando con la existencia del IRPF, en la medida en que ese impuesto existe, es correcto y justo que los ingresos por jubilación sean gravados por él.
Más aún, en estos años hay quienes me han considerado "oficialista", presumiblemente porque no doy a mis columnas el tono militantemente opositor que ellos desearían y que yo considero impropio de esta tribuna. Ciertamente, no fueron menos las veces que recibí elogios de los mismos que ahora me vetan, lo que es prueba de la neutralidad de la que ahora parecen dudar.
Lo que sí cambió entre mayo y mayo es el comportamiento fiscal del ministro, más propio de un candidato que de un ministro, y que desde esta columna y también en entrevistas y conferencias me he encargado de señalar con el mismo énfasis que antes apoyé su gestión cuando la consideré satisfactoria.
Pero vayamos a lo que realmente importa. Quiero compartir hoy con mis lectores lo que pensaba decir y no me dejaron expresar sobre el tema para el cual fui invitado y vetado, en el evento de pasado mañana.
Por la competitividad se puede hacer mucho desde dentro de la empresa y también desde fuera, desde el gobierno. Los gobiernos deben dar el marco e intentar crear el ambiente adecuado con las políticas económicas, minimizando la incertidumbre y los costos de producir en el país, de modo de generar las condiciones para que las empresas trabajen en mejorar su propia competitividad. No voy a referirme a lo que se puede hacer desde adentro, no es mi especialidad. Sí, en cambio, creo que puedo aportar algunas ideas sobre lo que se puede hacer desde afuera, desde lo macro y lo micro, mediante las políticas económicas. Voy a señalar seis puntos que considero relevantes.
Primero, un sistema de educación basado en objetivos y resultados y, consecuentemente, en premios y castigos, es decir en incentivos. Todo lo contrario a lo que tenemos en la educación pública donde el objetivo parece ser maximizar el gasto público.
Segundo, propiciar la inversión en infraestructura por parte del sector privado. Según Búsqueda del 29 de mayo, el Senador Mujica expresó al Ministro Astori, al finalizar el último acto del itinerante Consejo de Ministros, que "al final en el marco regulatorio nos equivocamos. Debimos haber sido más liberales ahí; recontraliberales. Que todo el mundo pudiera hacer lo que quisiera para producir energía y liberalizar". No me refiero a otra cosa que a eso mismo.
Tercero, una política salarial que tenga en cuenta la diversidad de situaciones que ofrece la realidad. No es lo mismo una empresa grande que una chica, ubicada en Montevideo o en el Interior, endeudada o no, volcada a la exportación o al mercado interno o, en el primer caso, a mercados con monedas fortalecidas o no. Los salarios mínimos, en particular, deben reconocer la diversidad de situaciones de mercado y, eventualmente, de costo de vida en diferentes zonas del país. No pueden ser uniformes porque hay zonas en las que quedan sobrados y otras en las que pueden ser impagables.
Cuarto, una política tributaria que baje el costo de producir en el país, para lo cual, antes, se necesita un gasto público que permita tener una menor presión tributaria. Los impuestos al trabajo y los impuestos a los combustibles, hoy más que nunca con el precio del petróleo en las nubes, afectan a la producción. El "espacio fiscal adicional" se debería haber invertido en bajar esos impuestos, ya desde el año pasado, en lugar de a aumentar el gasto público por encima de lo que crece el PIB, el que a su vez crece casi el doble de lo esperado gracias al mejor período de crecimiento mundial en mucho tiempo.
Quinto, una política monetaria acorde a una economía con dos monedas, poco frecuente de encontrar en el mundo y a la que no se pueden aplicar recetas prefabricadas para otras realidades y, en particular, propias de modelos de economía cerrada que sólo hay en los libros.
Sexto, lo que considero debe ser la primera medida macroeconómica del próximo gobierno: la institucionalización de una política fiscal contra cíclica, mediante la creación de un "Fondo Contra Cíclico y Pro Competitividad", al que se deberán volcar los recursos excedentes inesperados, resultado de que la economía esté por encima de la tendencia, para poder atenuar el impacto de shocks positivos y negativos. O, en otras palabras, los "espacios fiscales adicionales" que haya en el futuro y no se vuelquen a reducir impuestos. Recursos que deberán ahorrarse en moneda extranjera y en el exterior, para que no afecten a la economía. Para lo cual deberá definirse, técnicamente, la brecha de producto, es decir la distancia entre el PIB observado y el de la tendencia de largo plazo, y la magnitud de la recaudación generada por ese exceso. Y para lo cual también deberá definirse la magnitud del gasto primario ajustado por el ciclo que es posible tener de modo que la mochila del costo del Estado sea llevadera para la producción nacional. Mochila que habrá de tener sobrepeso tras la aprobación de la Rendición de Cuentas en trámite, que proyecta dejar al gasto primario en 27,5% del PIB en 2009.
Los indicadores de competitividad que informa el BCU están en descenso y por debajo de los promedios históricos. Su caída implica, por definición, que la inflación en dólares en Uruguay es mayor que la del resto del mundo. El extraordinario aumento de los precios internacionales explica entonces una parte de la caída del precio del dólar acá pero el deterioro de la competitividad es la prueba de que también hay razones autóctonas para ello.
En mi opinión, la combinación de una política monetaria-cambiaria dura con políticas fiscales y salariales expansivas afecta la competitividad. El nivel del gasto primario no es indiferente a la competitividad. No es igual llegar a un mismo resultado fiscal con tres puntos más de gastos o tres puntos menos de impuestos. El fuerte aumento del gasto primario ha impedido bajar impuestos y hoy, en medio de una nueva crisis energética, ya no existen los medios que permitieron hacer más llevadera a la de 2006.
Todos estos temas, tarde o temprano, deberán ser enfrentados. Entre todos, sin exclusiones.