JULIO PREVE FOLLE
En las últimas semanas se conocieron distintas expresiones oficiales, así como gremiales y políticas, que dan cuenta de una relación crecientemente ríspida entre el sector agropecuario y el gobierno; éste parece no comprender el mundo rural productivo, contribuyendo así a acentuar una tensión que no le hace bien al país que ya las tiene en abundancia. Precisamente en esta área como en otras, el gobierno se caracteriza por fabricar soluciones donde no existen problemas, generando más y más fuentes de conflicto.
REFORMA TRIBUTARIA. Lo anterior me recuerda como siempre a la inicua reforma tributaria, que se propuso reformar lo que nadie entendía que debía modificarse sustancialmente, al menos de esa forma, logrando que lo que debió haber sido un tema apenas instrumental, se terminara convirtiendo en una de las dos reformas consideradas más importantes para el gobierno. Así fue que bajo el eslogan "que pague más quien más tiene", que resulta una obviedad que suscribiría toda la izquierda y toda la derecha de todos los países de todos los tiempos, se introdujo un impuesto absolutamente injusto por la forma en que se lo concibió, en tanto se sigue recaudando básicamente con el régimen anterior. En efecto no es que un impuesto a la renta personal sea injusto en sí mismo; éste, el aprobado en la inicua reforma, es el verdaderamente injusto. ¿Por qué?, porque trata de modo preferente las rentas de capital que las de trabajo, porque impide deducir gastos por número de hijos, porque funciona con tantos fictos que al final desvirtúan el concepto de renta, porque es de dudosa constitucionalidad, y porque se ejecuta a través de una policía tributaria que ha introducido el temor de no estar al día, debiéndose apelar a profesionales para dilucidar este extremo, lo que parece ridículo. Además todo el nuevo régimen es mucho más complejo que el anterior, aunque se lo presenta como más simple, lo que resulta insólito.
Al igual que con la inicua reforma, el MGAP ha puesto en marcha otras que proceden de una postura ideológica sobre todo vieja, que introducen o aumentan inútilmente las tensiones, pero que además ahora son acompañadas por expresiones oficiales que no ayudan al entendimiento necesario entre quienes piensan diferente.
OPOSITORES O ENEMIGOS. Todo el discurso político del MGAP en su titular actual o el anterior posee la misma característica. Ella se resume en sostener que quienes piensan diferente son enemigos de la gente, de las causas populares; no se trata de ciudadanos con simples puntos de vista ocasionalmente discordantes, sino de gente diferente, con una base ética cuestionable. Así lo plantea de hecho también el ministro Astori, cuando declara que su política de incremento de gasto público en casi un 50% real en el período, responde a una base ideológica, su compromiso con los más débiles. De esta forma, dejando el tema del gasto en el campo de la ética, a los que piensan que es mejor para la sociedad gastar menos, se los descarta por defender el mal, y no un simple punto de vista político diferente. Y pasó también con las sentencias de la Suprema Corte: cuando fueron adversas al gobierno había que sancionar a la Corte por no acompañar la causa popular. En fin; todo un inventario de reacciones que señalan un difícil pronóstico para la convivencia política de los uruguayos.
A toda esta soberbia tantas veces explicada por la ignorancia, para mi perplejidad el ministro de agricultura agregó la chanza, la burla, cuando comentó declaraciones del senador Larrañaga. Este último había expresado críticas al tema del gas oil productivo, y había manifestado que salvo por la mano que le daban los mercados internacionales, era el actual el peor Ministerio de Agricultura de todos los tiempos. Frente a esta afirmación señaló que el Dr. Larrañaga no entendía…
Pero hubo más; el ex ministro Mujica amenazó a los productores que protestaran, con impuestos a la tierra. Y se han dado también amenazas a la familia rural de parte del gobierno muy duras. Así por ejemplo, se ha amenazado con intervenir en casi todos los mercados, creándose instrumentos con poderosos atributos para hacerlo. De entre ellos cabe recordar al Inale inaugurado la semana pasada, una de las peores creaciones corporativas e intervencionistas de las que hay registro, con inmensas atribuciones para intervenir en cualquier cosa. Hay además registros en varios rubros, de los que se pueden desprender acciones policíacas, y hasta se ha pretendido administrar el uso productivo de los suelos según orientaciones. Por otro lado el agro debe lamentar, no sólo él, sistemáticos ataques al derecho de propiedad, así como la falta de equilibrio al arbitrar soluciones laborales, alentando el resentimiento de las partes, tal como ocurre con la reforma tributaria, que es también hija del resentimiento que anima la idea de que los del medio paguen más, para bajar al nivel del estamento social inferior: emparejar hacia abajo.
FACTURA PESADA. Agraviar el derecho de propiedad, introducir desequilibrio en las relaciones laborales, amenazar intervenir en todos los mercados, prometer renunciar cuando el dólar baje de determinada cotización, hacer malabarismos con la promesa del gas oil productivo, escudriñar en la propiedad de las explotaciones con "excepciones", aumentar el gasto público y los impuestos, calificar a la gente de campo de llorones, a un candidato político de no saber, amenazar a los que protestan con impuestos a la tierra, tolerar ocupaciones de tierras, y más que nada reaccionar con intolerancia al disenso, tanto dentro del MGAP como fuera de él, todo esto debía generar una reacción en el congreso de la Federación Rural. Y así fue. Creo que nunca en mi memoria se deben haber registrado epítetos contra un ministerio en presencia de su autoridad, como los que profirió Rodrigo Herrero. Pasó revista a todos los incumplimientos de promesas, a todas las dificultades creadas donde no había problemas. En esta línea además de temas económicos -gas oil, gasto público- destacó la introducción de agravios que tocan muy dentro del sector con razón: el derecho de propiedad, y lo que verdaderamente me impactó y transcribo: "…en el trabajo del campo y a la hora de poner el hombro no hay diferencias ni luchas de clases". Toda una definición y -diría- un portazo ideológico claro. Finalmente vinieron una serie de afirmaciones dirigidas a desacreditar al conductor del MGAP como interlocutor válido del sector: "…lavarse la boca antes de hablar con nosotros, … tienen a los que metieron la mano en la lata, …sólo han trabajado con la lengua, y otras por el estilo".
SERENIDAD. Hay una nueva forma de producir derivada de los feroces cambios de precios relativos, que genera tensiones, inquietud, zozobra. Son dolores de parto de una nueva ruralidad, es el campo del siglo XXI que en poco se parece al de apenas quince años atrás. Pretender conducir, "organizar" este proceso es un intento loco, e introducir más inquietud en lugar de serenidad parece una macana grande. Y por otra parte, confiar la solución a los problemas del mundo actual, a instrumentos de octubre de 1917, es por lo menos ingenuo. Sé que mantener la calma no parece fácil ni muy probable. Pero es momento de intentar generar serenidad. Si en lugar de ello la conducción del MGAP introduce inquietud, zozobra, amenazas, burla, conflicto, patota, su responsabilidad será muy grande, ya que por definición le cabe más que a nadie.
Además, los conflictos de la vecina orilla en los que pierde todo el mundo, pueden ser una fuente de contagio que nadie desea.