CARLOS STENERI | DESDE WASHINGTON DC
Brasil está planeando la creación de un Fondo Soberano de Inversión de entre 200-300 mil millones de dólares, que será financiado mayoritariamente con recursos de sus yacimientos petrolíferos recién descubiertos.
El Ministro de Finanzas Guido Mantega acaba de anunciar en la prensa internacional que el proyecto respectivo ha sido enviado al Congreso, quien bajo las normas de proceso rápido tendrá cuarenta y cinco días para dar su dictamen.
El Fondo comenzaría como un fondo de estabilización fiscal a la chilena, alimentado con recursos provenientes del excelente resultado de la recaudación tributaria, que supera las previsiones iniciales. Para ello dedicarán anualmente el 0.5% de su PIB (US$ 8.600:) lo que llevará su superávit primario del 3,8% al 4,3% de su producto. Según el Ministro Mantega, una vez en explotación los nuevos yacimientos petrolíferos, su monto alcanzará las metas previstas en un lapso de entre tres y cinco años.
Con su puesta en funcionamiento, al comienzo la administración brasileña pretende cubrir varios objetivos. Primero, despejar presiones inflacionarias no traspasando a mayor gasto doméstico la bonanza fiscal. En esta etapa, los recursos serán destinados a la recompra de su deuda logrando así mejorar sus indicadores de vulnerabilidad externa, hecho que fortalecerá su grado de calificación. Un uso alternativo serán compras de divisas en el mercado, con el propósito de amortiguar el fortalecimiento del real.
En su etapa madura, el Fondo operará como un Fondo de Estabilización, haciendo que sus recursos puedan ser utilizados para ayudar a estabilizar el ciclo económico, evitando a su vez que la economía reciba el impacto de los excedentes provenientes de sus exportaciones de petróleo. Para ello, los fondos serán depositados en cuentas externas, pudiendo utilizarse para financiar exportaciones de bienes brasileños o adquisiciones de empresas internacionales por parte de firmas brasileñas.
VISIÓN DE LARGO PLAZO. El anuncio reciente muestra que Brasil sigue avanzando en la manera de hacer política económica.
Para empezar, su diseño está cada vez más enraizado en una visión de largo plazo, inmune a las tentaciones del cortoplacismo. Su propósito es lograr tasas de crecimiento permanente. Para ello, va empedrando el camino con reformas y decisiones que marcan un derrotero de previsibilidad para todos los agentes.
En ese ámbito, la consolidación fiscal es la piedra angular y el control de la inflación el indicador para calificar el resultado de esa gestión. Con lo primero, se busca cuadrar al gasto público en niveles permanentes financiables en cualquier instancia de su ciclo económico. La inflación es considerada un flagelo que repercute sobre los más débiles Y eso se realiza en un ámbito donde la formación de precios de artículos esenciales no aduce el grado de anomalía imperante en otras latitudes. Esto adquiere más valor cuando existe una agenda social extensa, aún insatisfecha, que es fuente de tentaciones populistas para tarifar precios o presionar a los proveedores domésticos.
En paralelo, eso también implica ahorrar parte de la bonanza del ciclo fiscal para los días de lluvia. Informalmente, en esta etapa, Brasil está dando los pasos necesarios para llevar adelante políticas anti cíclicas. Mirados en perspectiva, esos avances son bienvenidos en un país en que la volatilidad macroeconómica hasta no hace mucho era una cuestión casi endémica.
RECURSOS NO RENOVABLES. Otro aspecto a resaltar es la consideración de los yacimientos petrolíferos como un capital que se agota a través de su explotación. Una forma de perpetuarlo para las generaciones futuras es reinvertir los ingresos respectivos en otros emprendimientos y no dedicarlos a financiar consumo corriente.
Basta con mirar el panorama latinoamericano para confirmar que esa regla en general no se aplica. En algunos casos (Méjico, Ecuador), las empresas públicas petroleras apuntalan el desempeño fiscal, que no es otra cosa que financiar gasto corriente. En otros (Venezuela), simplemente se dilapida, no cubriendo siquiera los costos marginales de producción.
En cambio, quien va en camino de convertirse en potencia petrolera mundial, legisla para tratar a ese recurso como lo que es: un bien de capital que no puede destinarse a financiar consumo corriente.
En consecuencia, lejos están las tentaciones de subsidiar su consumo, hecho confirmado por el alineamiento de los precios domésticos por encima de los que rigen en la mayoría de los grandes productores mundiales del recurso.
REFORMAS ESTRUCTURALES. Todos esos propósitos son en buena parte posibles por la forma en la que operan empresas de propiedad pública como Petrobras o Vale do Rio Doce. El panorama regional, por el contrario, muestra que entidades similares en otros países son más un lastre que propulsores de crecimiento. El estancamiento cercano al retroceso de la matriz petrolera mexicana, cualquiera sea su indicador, confirma que la adecuación de esas entidades a los nuevos tiempos es una cuestión imprescindible. No es un asunto de propiedad pública o privada, sino de cómo operan los incentivos que enmarcan su funcionamiento. Las reformas de las empresas -incluyendo sus marcos regulatorios- son los ingredientes esenciales para contar con entidades que operan eficientemente. El tema es que su instrumentación pertenece a la parcela de la agenda política siempre postergada, pues el gasto político se destina a resolver cosas más urgentes, o simplemente porque su rédito es de largo plazo.
Sobre esta temática ya se ha abundado suficientemente. Hay unanimidad que con empresas públicas estructuralmente viejas, sin incentivos adecuados, con nominación de autoridades ligadas estrictamente a los ciclos políticos, actuando monopólicamente, sus resultados lucen más a empate, en el mejor de los casos, que a la de motores de la economía.
En esta materia, Brasil se embarcó hace un tiempo, sin aspavientos, en un proceso que aún continúa de reforma de sus empresas públicas que cubren un espectro amplio de actividades. Ahí figuran desde sus bancos públicos, las empresas eléctricas, las telefónicas hasta los grandes complejos mineros (Vale do Rio Doce), incluido el petróleo (Petrobras). Dicha modernización le permite desarrollar plenamente su capacidad exportadora, expandirse horizontalmente mediante procesos de adquisición de otras empresas (incluso extranjeras), todo eso financiado en buena parte con su acceso directo a los mercados internacionales de capital. En la práctica no le ceden la derecha a pares con más experiencia y permanencia en la arena internacional.
CONCLUSIÓN. Con el anuncio de la creación de un Fondo Soberano de Inversión, Brasil junto con Chile, se suma al conjunto de naciones que aplican reglas nuevas adecuadas a las circunstancias actuales. Su parámetro básico es utilizar parte del capital acumulado por la sociedad en las actividades que generan mayor retorno, aun cuando éstas estén localizadas en el exterior. También es una forma de auto seguro para paliar lapsos del ciclo económico adverso financiando políticas anti cíclicas.
Además confirma una visión de país asentada en el largo plazo, que disipa posturas populistas y que busca resolver su agenda social pendiente con sendas de crecimiento permanente con inflación baja.
Pues en definitiva, atender las agendas sociales pendientes requiere necesariamente invertir de la manera más eficiente los recursos acumulados por la sociedad. Es sólo con más inversión, que genera más crecimiento, que se logra un resultado sostenible en materia de distribución. Lo que se distribuye es el flujo productivo, que sólo aumenta con más crecimiento. Cuando se viola esa norma, lo que se consume es capital, que a la larga implica menos crecimiento y riqueza.
A veces lo que luce trivial, no se hace obvio en materia de política económica. Consideramos que se está abriendo una etapa nueva en la materia, donde hay un muestrario de lecciones interesantes a nivel regional. Es de esperar que cada país, de acuerdo a sus especificidades, las tome como fuente de inspiración para diseñar sus políticas. La instrumentación de reformas requiere tiempos de bonanza, los que a su vez no pueden utilizarse para aventuras populistas.