JAVIER DE HAEDO
Se inicia una nueva ronda de negociaciones en los Consejos de Salarios, más ambiciosa que las anteriores en cuanto a la extensión de los acuerdos previstos y con cambios en algunos de los criterios a ser seguidos, y se vuelve interesante analizar algunas cuestiones de contexto relevantes ante esta nueva instancia.
Lo primero consiste en respondernos lo siguiente: ¿por qué están subiendo los salarios reales?, ¿es gracias a que existen los Consejos de Salarios? Estas preguntas son importantes, porque creo que la respuesta mayoritaria es afirmativa. Y si es así, estamos ante un problema, porque vendría a ser como si se le asignara a ese instrumento un carácter mágico.
La relación entre las variaciones conjuntas de salarios y empleo, con las del PIB, es muy estrecha, a lo largo del tiempo, con y sin Consejos. En los últimos tres años, por ejemplo, los salarios reales han estado subiendo junto con la economía. El salario real promedio anual del sector privado subió 4,0% en 2005, 5,0% en 2006 y 4,5% en 2007, mientras que el PIB subió respectivamente 6,6%, 7,0% y 7,4%. Con esa evolución del producto, los aumentos salariales no fueron un obstáculo para el crecimiento, al mismo tiempo, de la cantidad de personas ocupadas, la que subió 1,6%, 5,7% y 5,6% respectivamente.
Esos números se refieren al promedio de la economía y se puede concluir que en ese promedio, a los Consejos no se les fue la mano en materia de aumentos de salarios reales. No creo que esa verdad, que es clara en el nivel macro, lo sea tanto en el micro, en el de los sectores y las empresas en particular, que han enfrentado en estos años escenarios muy diversos que se deberían corresponder, razonablemente, con una mayor diversidad en materia de pautas salariales.
Tengo la impresión de que con o sin Consejos, la evolución promedio de los salarios reales hubiera sido más o menos la misma, pero no creo que la casuística de las diversas realidades salariales lo hubiera sido, en un contexto de mayor libertad de negociación.
Otro aspecto a considerar es el nivel actual de los salarios en una perspectiva histórica, y desde dos ángulos, uno, el de los salarios reales, y otro, el de los salarios en dólares.
Si se consideran una vez más los niveles de salarios promedio en el sector privado, y en semestres móviles, se observa que el nivel de los seis meses a abril está 18,1% por encima del mínimo post crisis (seis meses a junio de 2004), levemente por encima del nivel de los seis meses a septiembre de 2002 y todavía 12,2% por debajo del máximo precrisis, registrado en los seis meses a diciembre de 1999.
Es entonces significativa la recuperación posterior a la crisis, si bien aún se está bastante por debajo del nivel de salario real medio anterior a ella. Pero esa comparación con el máximo nivel precrisis, tiene más valor anecdótico que económico, ya que se trata de períodos claramente distintos, con estructuras productivas diversas a nivel del país, con cambios en los sectores y empresas que desde entonces han resultado ganadores y perdedores, y en contextos externos diferentes. También con diversas cargas tributarias sobre el factor trabajo. Y, quizá lo más importante, con diferente nivel (cantidad y calidad) de regulaciones del mercado laboral, las que en términos económicos operan como un costo implícito, pero que tiende a incidir en los costos explícitos, es decir en los salarios reales. Si aumenta mucho el costo de contratar a un trabajador (costos ligados al riesgo de despido, de ocupación de la empresa, etc.), seguramente se estará dispuesto a contratarlo a un costo salarial inferior al que se estaría dispuesto a pagarle en ausencia de esos costos.
Mientras, en términos de dólares, los salarios se han más que duplicado desde mediados de 2003 y ya están prácticamente en los niveles máximos de la segunda mitad de los noventa. Esto, en principio, y sin mayor análisis, debería dar lugar a preocupaciones por el lado de la competitividad. Sin embargo, el mundo está hoy considerablemente más caro en dólares que entonces y en particular se encareció muchísimo desde el 2003. Los salarios medios privados, en dólares, ajustados por la variación del índice de precio de las exportaciones de la CIU, están hoy en niveles similares a los de julio de 2002, cuando ya habían caído significativamente en dólares desde los máximos de los noventa.
Es decir que un mismo nivel de salarios en dólares hoy que en 1998, no implica que hoy haya la misma competitividad que entonces, ya que el mundo está hoy considerablemente más caro en dólares que hace diez años. Por supuesto que, lo aclaro una vez más, me estoy refiriendo a promedios, lo que puede estar escondiendo realidades diversas ya que como bien se dice, en los promedios se ahogan los enanos.
Otra cuestión relevante se refiere al salario mínimo nacional (SMN). Éste fue una unidad de cuenta, utilizada con propósito fiscal, y no un salario mínimo, desde 1985 y hasta enero de 2005, cuando se creó la BPC para sustituirlo en la función de unidad de cuenta y devolverle el carácter de SMN. Cuando ello ocurre, el SMN estaba ubicado en un nivel ridículo ($ 1.310), sin ningún sentido económico, ya que era absolutamente redundante. Lo mismo ocurrió durante el proceso que implicó su rápido ascenso, hasta ubicarse actualmente en $ 3.416. El gobierno lo situará en $ 4.150 desde julio. Para dar una mera referencia histórica, las que, reitero, no tienen mayor contenido económico que anecdótico, para que el SMN se ubicara en la misma relación en términos reales que el IMS, con respecto al año 1985, antes de que se empezara a usar como unidad de cuenta, el SMN se debería ubicar actualmente en $ 5.100.
Es posible que si esos $ 5.100 fueran el nivel actual del SMN y su cumplimiento fuera efectivo, generaría desempleo en empresas de determinada localización, de determinado tamaño, de determinados sectores y/u orientadas a determinados mercados y en determinadas categorías ocupacionales. De hecho, la difusión del objetivo de $ 4.150 despertó rápidas reacciones en ese sentido, máxime cuando los costos, explícitos e implícitos, asociados a la contratación de personal, terminan encareciéndolo significativamente. Esta situación se agrava cuando las empresas que operan en la formalidad, deben competir con otras que no lo hacen y por mano de obra que tiene como alternativa una remuneración competitiva en el terreno informal.
Las regulaciones explícitas e implícitas en el mercado de trabajo operan como una cuña entre el salario que va al bolsillo del trabajador y su costo total para la empresa. Cuanto menores sean los costos de esas regulaciones, mayor será la apropiación de esa cuña por la empresa y el trabajador. Sólo una parte de la cuña es apropiada por el Estado, la que se refiere a impuestos explícitos, el resto es una pérdida para la sociedad, que podría tener más empleos y mejor remunerados. En la informalidad esa cuña es nula, lo que explica que compita con quienes sí deben asumir esos costos.
En los últimos años nos hemos vuelto adictos a la necesidad de tener un altísimo e inusual ritmo de crecimiento económico, que por definición no será eterno. Lo precisamos para financiar un creciente gasto público y también para mantener sin contratiempos el proceso de recuperación del salario real. El problema se va a tener que enfrentar cuando los vientos del exterior cambien o, por lo menos, amainen.
Para facilitar las cosas para cuando ese día llegue, que llegará, las nuevas pautas deberían incorporar una mayor flexibilidad.
No se puede pretender fijar el nivel y la trayectoria del salario real, a mediano plazo, independientemente de lo que ocurra a la economía, ya que se arriesga generar desempleo.
No se puede insistir con pautas parejas para todos, cuando hay realidades muy distintas y que, en un contexto de previsible cambio en el escenario externo y en las condiciones de la economía, se habrán de diferenciar aún más, con nuevos ganadores y perdedores como resultado del nuevo panorama externo e interno.
No se puede mantener la indexación plena a un IPC muy volátil y afectado por shocks de muy corto plazo.
Se debe ser muy cauteloso con los niveles salariales mínimos cuando ya se ha acercado el SMN a los niveles del mercado.
Las nuevas pautas salariales, base de referencia para la nueva ronda de los Consejos de Salarios, tienden a tomar en cuenta tímidamente algunos de los riesgos referidos, pero mantienen la esencia del sistema y, para colmo, para un período más extenso y en el cual, indudablemente, empeorará el mundo y por lo tanto las condiciones de nuestra economía.